viernes, 17 de septiembre de 2010

Perú: La Sostenibilidad del Crecimiento Económico Parte I

Daniel Schydlowsky en la Vieja Casona de San Marcos

Ante un auditorio pleno de estudiantes y profesores en el histórico Salón General del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el profesor de la Universidad de Harvard (Phd) Daniel Schydlowsky recordó amenamente los años de su formación como economista en la facultad de Ciencias Económicas de nuestra universidad, y disertó sobre la “sostenibilidad del crecimiento y desarrollo de la economía peruana” para los próximos años, explicando los posibles peligros del entorno internacional y las políticas de mitigación de riesgos que debieran ponerse en práctica.

El evento fue organizado por el señor decano de la facultad de economía Humberto Campodónico en cumplimiento del plan de trabajo académico que aspira convertir a nuestra facultad en un referente nacional e internacional en el debate entre la teoría económica y la crítica de la economía política, los problemas del desarrollo, la competitividad, y en la explicación sobre la posible sostenibilidad del actual modelo en el largo plazo caracterizado por un modelo primario exportador.

Ha sido mérito de los organizadores del evento al haber invitado a uno de los más importantes economistas peruanos del siglo XX cuya obra más conocida “Anatomía de un Fracaso Económico” (1979), escrito conjuntamente con el profesor Juan Wicht, constituyó una crítica fundamental al modelo de acumulación estatal de los años setenta.

En verdad, debo confesar que fue un deleite académico escuchar al profesor Schydlowsky sobre sus años formativos o deformativos iniciados hacia 1958 con sus dosis de huelgas, en una coyuntura donde la economía peruana mostraba los signos de agotamiento de un “modelo de crecimiento hacia afuera” basado en las exportaciones de las materias primas, básicamente metales, azúcar y algodón, en el marco de políticas liberales que fueron posible gracias a la dictadura del “ochenio” del general Manuel Odría.

En aquellos años, la formación del economista era una alquimia de contabilidad, derecho, y algo de historia del pensamiento económico. Como enfatizó en más de una oportunidad respecto al crónico déficit teórico. Así, exponía “No sé si me animo a empezar la charla recordando que en 5 años de Facultad más uno de ciclo doctoral, nunca ví una sola curva de oferta o de demanda y el aparataje básico de la macro keynesiana más que superficialmente solo en ciclo doctoral. Y no es que se nos diera como sustituto teoría austriaca y marxismo. Simplemente no se enseñaba teoría económica”.

Al margen de los recuerdos y añoranzas preñadas de anécdotas de su formación, el reconocido mérito intelectual del profesor Schydlowsky enfatizado por más de uno de los comentaristas se relaciona con la necesidad de repensar la teoría económica, la macro y microeconomía desde la perspectiva de una “economía periférica” donde los supuestos de la libre competencia en los diversos mercados, de bienes, servicios, capital y acceso a la información se contradicen con la realidad. En otros términos, la necesidad de recrear una teoría económica desde las características de los países latinoamericanos ha sido su aporte, en un ejercicio de tensión entre la teoría y la realidad en una vasta obra publicada en las más importantes revistas del ámbito académico internacional en inglés y castellano.

¿POR QUÉ SE CRECIÓ?

Como economistas sanmarquinos nos debiera interesar si el crecimiento económico alcanzado por la economía peruana en la última década resulta sostenible en el largo plazo, y de resultar positiva la respuesta cabe preguntarse qué condiciones económicas e institucionales se requieren para asegurar este crecimiento. De allí, que comentaremos en esta primera parte los factores que explicaron el crecimiento económico según el profesor Schydlowsky, los cuales se resumen en el cuadro que presentamos más abajo.

El primer punto sobre “el crecimiento generalizado hacia fuera” según lo expuesto se distinguiría de los otros períodos de bonanza económica que ha caracterizado la historia económica de nuestro país. De allí, que la afirmación que éste no fue solamente un crecimiento liderado por la minería. Lamentablemente en la exposición no se recurrió a ningún cuadro estadístico que pudiera refrendar, el crecimiento generalizado hacia fuera. Es decir, qué rama o sector lidera las exportaciones, y el carácter cualitativo de las mismas.

Por ello, nos permitimos exponer un cuadro que mide el grado de apertura de la economía peruana estimado por la suma de las exportaciones e importaciones como participación en la producción nacional (PBI), desde 1971 al 2010, considerando los quinquenios desde 1971 hasta el 2010. Es verdad, que la economía peruana es cada más abierta al mundo con un grado de inversión superior al 40% sobre todo en la bonanza minera del 2004 al 2008. Es más, se supone que los diversos tratados de libre comercio con terceros países debieran fortalecer tales tendencias para llegar a igualar o superar a nuestro vecino del sur que tiene un grado de apertura superior al 80%. Ver Cuadro de “Perú: Apertura al Mercado Mundial por Quinquenios”.

Mas lo que debiera interesar es la composición de las exportaciones que en un promedio del 60% se explican por las exportaciones mineras, de oro y cobre en lo fundamental, si se agregan las de harina de pescado, aceites de pescado y los hidrocarburos como crudo pesado, residuales y nafta prácticamente la participación tradicional de las exportaciones con escaso o débil valor agregado se eleva cerca al 80% de las exportaciones.

Sin embargo, en honor a la verdad cabe reconocer el crecimiento de las exportaciones no tradicionales sobre toda la velocidad del crecimiento de agropecuarios (espárragos, frutas, caña de azúcar, café etc.) y textiles, que han tenido un despegue notable en los últimos años, lo cual diversifica la cartera de exportaciones con un peso relativo minoritario en relación a las exportaciones mineras.

Sin embargo, desde nuestro de vista las inversiones y crecientes exportaciones mineras fueron como señala el profesor Schydlowsky ayudadas por “mercado externo boyante”. Al respecto, bien vale la pena interrogarse sobre los factores que explican y determinan la rentabilidad del sector exportador, especialmente minero, y el control del excedente generado en la economía y lo referido al llamado “valor de retorno”, pues a mi entender el límite a la sostenibilidad del modelo exportador radicaría más que en factores económicos, en factores institucionales como la capacidad del Estado de enfrentar y administrar los llamados conflictos sociales.

Como economistas nos debiera interesar el grado de eslabonamiento o interdependencia sectorial del sector exportador con el resto de la economía interna, en especial la industria manufacturera. Es decir, qué le compra a la industria el sector exportador tradicional, el nivel de propensión tributaria a través de los impuestos realmente abonados, y los sueldos y salarios pagados en el sector exportador.

Si bien se hizo referencia a una realidad que resultaría inédita en la historia del país cuando se señalaba el “pleno empleo” alcanzado en algunos departamentos como Ica, La Libertad, Lambayeque gracias al crecimiento exportador no tradicional producto de inversiones privadas que han encontrado en el agro costeño una generosa oportunidad de inversión con innovaciones tecnológicas como el riego por goteo, mejoramiento de semillas etc.

Se puede compartir el criterio que el mejor mecanismo para superar la pobreza resulta ser el fomento del empleo digno por medio de la inversión privada. Mas me pregunto si puede haber empleo digno con “salarios de exportación” de 400 o 500 nuevos soles mensuales en jornadas de trabajo de más de 10 horas de trabajo, con una débil capacidad negociadora por la ausencia de sindicatos, de allí las presiones redistributivas por los beneficios del crecimiento.

Si el lenguaje y la filología económica tiene algún sentido, en ningún momento se escuchó en la conferencia magistral categorías como control del excedente, transnacionales, grupos de poder o de presión, desarrollo desigual. Evidentemente la teoría económica desarrollada por nuestro autor no le permitiría reconocer el grado de control del excedente económico, es decir de la plusvalía global, sobre toda apropiada por el sector minero controlado por las empresas transnacionales (Barrick, Newmont, Xstrata, Freeport, Glencore, Grupo México, Teck Cominco etc.) que controlan gran parte de la producción y del excedente minero generado en el país.



En tal sentido, existiría una gran diferencia entre el crecimiento liderado por el sector exportador chileno donde la empresa estatal Codelco contribuye fuertemente con el ahorro interno a través del impuesto a la renta, royalty, ley reservada del cobre que detrae para el estado chileno el 10% de los ingresos de exportación, otros impuestos y utilidades netas etc. Al respecto un aproximado del 40% de las exportaciones cupríferas en Chile resultan responsabilidad de la empresa estatal, lo cual ha permitido que durante el llamado “boom minero” durante el período 2004-2009 del 100% de las exportaciones de Codelco cerca del 54% del ingresos de las exportaciones haya sido un valor retenido como contribución fiscal y excedente económico.

Diferente es la realidad de nuestro país donde con excepción de grupos mineros como Benavides de la Quintana y Mra. Buenaventura con participación importante en Mra. Yanacocha y en la Mra. Cerro Verde, o el grupo Brescia con la Mra. Minsur y la fundición de estaño Funsur, más otras familias mineras como Letts en la Mra. Volcan, San Ignacio de Morococha, y medianas auríferas, el control del excedente está bajo responsabilidad del capital transnacional, y de bancos de inversiones con accionariado difundido.

Por ello, lo importante es reconocer la baja propensión tributaria del sector exportador minero, donde durante el llamado “boom minero” del 100% de ingresos de exportación, el fisco apenas capta el 12% como impuesto a la renta, regalías, aporte voluntario, y derechos de vigencia. Creemos que esta diferencia sustancial entre el sector exportador chileno y peruano es clave para entender el liderazgo del sector exportador y sus efectos de arrastre al conjunto de la economía.

Si bien el profesor Schydlowsky hizo referencia a la necesidad de capturar una mayor proporción de la renta minera a favor del fisco, cuando las condiciones económicas explican la percepción de rentas extraordinarias por medio de impuestos extraordinarios mediante una renegociación estratégica entre el Estado y las empresas, tal como lo recomienda la última literatura del Fondo Monetario Internacional (FMI); sin embargo su propuesta, en la mitigación de riesgos de “sembrar el mineral” como hace Venezuela con el petróleo, resultaría en profundizar un modelo primario empobrecedor, al menos que en lugar de la exportación de oro en barra se produjese para el exterior joyería o artesanía de oro y plata.

Sin embargo, en lo central de su disertación no se hacía cuestión de estado o una crítica al modelo primario exportador que caracteriza a la economía peruana donde cualitativamente el Estado ha transferido rentables empresas públicas y valiosos yacimientos mineros, y el control del excedente ha sido enajenado al país. En otros términos, las decisiones sobre el ahorro y la acumulación por lo menos en el sector minero resulta exógeno a la economía peruana, y presumo que gran parte del excedente se remesa.

Lamentablemente el BCR no publica la información entre las salidas y entradas de capital a nivel sectorial, para saber el “quantum de capital fresco” que capitaliza el país, y la remesa de utilidades como pago de factores al exterior por sectores. Mas si se reconoce como práctica financiera el levantamiento de ahorro interno y externo mediante el mecanismo de bonos para el financiamiento de importantes inversiones como Camisea, Edegel, Kallpa en generación eléctrica y otras industrias, se debe reconocer que dicho mecanismo resulta un elemento nuevo producto de la confianza que genera la relativa estabilidad económica para los inversionistas en la última década.

Un simple ejemplo nos puede graficar esta afirmación sobre lo que Carlos Malpica llamaría “El Mito de la Inversión Extranjera”. Las utilidades remesadas entre el 2005 al 2008 por la transnacional minera Southern Perú Copper Corporation (SPCC) que tiene al Grupo México como principal accionista. Durante el boom minero las utilidades remesadas en promedio han sido de 1,000 millones de dólares anuales gracias a los bajos costos de producción de 50 centavos de dólar la libra de cobre, y precios de mercado por encima de los 3 dólares.

En tal sentido, el financiamiento del proyecto de cobre en Tía María en el Valle del Tambo- Arequipa requiere un financiamiento de cerca de 950 millones de dólares para una explotación en un periodo de 19 años que se financiaría con la utilidad neta de un año. En otras palabras del mismo “cuero salen las correas”. De allí la necesidad de estudios más profundos sobre el rol de la inversión extranjera y el grado de capitalización en la economía peruana.

En verdad, resulta penoso reconocer que terminando la primera década del Siglo XXI, el Perú no tenga una Tabla de Insumo Producto para estimar el grado de interdependencia sectorial de la economía peruana. La que existe data de 1994 y resultaría irrelevante para estimar los cambios fundamentales en la nueva estructura económica peruana en las dos últimas décadas. Ello por ejemplo nos demostraría nuestra dependencia sobre los insumos y maquinaria importada para el crecimiento del sector exportador tradicional.

Debemos reconocer que la principal reforma económica inaugurada a inicios de la década de los noventa está en relación a las políticas de estabilización macroeconómica que han determinado bajas tasas de inflación monetaria y en especial el desmontaje de la actividad económica empresarial del Estado mediante una radical privatización de empresas públicas, sobre todo en el sector minero energético.

Por ello, un crecimiento económico basado en las exportaciones debiera ser analizado con mucho cuidado sobre todo a partir del aspecto cualitativo de las mismas, el grado de elaboración y el nivel de valor agregado que curiosamente no se registró en la conferencia magistral como un imperativo económico para alcanzar el desarrollo. Después de todo no existe evidencia, y el profesor Schydlowsky lo sabe, en la historia económica de los países capitalistas que hayan alcanzado el desarrollo económico en el siglo XX con el crecimiento basado en la exportación de materias primas.

En resumen, una conferencia magistral provocadora para múltiples reflexiones que debieran estimular a los estudiantes y profesores de economía a una revisión permanente de los postulados teóricos frente a la realidad para recrear una teoría económica que permita repensar, explicar, y predecir los hechos económicos de nuestras economías. De allí la necesidad de promover sólidas investigaciones sobre el complejo mecanismo económico en una “economía periférica” que tiene en la crítica de la economía política un poderoso instrumento para asumir e incorporar los valiosos aportes del profesor Schydlowsky.



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