lunes, 3 de noviembre de 2014

HOMENAJE A DON ALBERTO BENAVIDES DE LA QUINTANA EN LA UNMSM.

ESCRIBE: JORGE MANCO ZACONETTI (Investigador UNMSM)

El 20 de octubre la UNMSM en la persona del Vice Rector de Investigaciones rindió un justo homenaje a la persona y figura del patriarca de la minería peruana Ing. Alberto Benavides de la Quintana nacido en Lima el 21 de octubre 1920 y fallecido el 12 de febrero del 2014.

Al margen de los merecimientos empresariales, profesionales, y personales constituyó un acto de justicia el reconocimiento de nuestra casa de estudios a uno de los más importantes empresarios peruanos, que forjó su fortuna “desde abajo” renunciando a la seguridad económica que le otorgaba el empleo en la transnacional Cerro de Pasco Corporation, o a los cargos públicos que hubiese podido obtener por su origen familiar, como muchos miembros de la vieja aristocracia limeña.

La historia de la minería y del país está relacionada con la trayectoria vital de Don Alberto al cual tuve la suerte de conocer personalmente en el 2006 en las instalaciones de Minera Buenaventura, gracias a las gestiones de un amigo allegado a la familia.

Sin embargo, como investigador del sector minero conocía la trayectoria de uno de los más importantes capitalistas peruanos que fue identificado como parte de los “12 apóstoles” en el primer gobierno del presidente Alan García, y cuya fortuna está relacionada con el fortalecimiento patrimonial del Grupo Buenaventura.

Si algo me impresionó en la personalidad de Don Alberto fue su proverbial modestia y profundo amor al Perú, el cual conocía de cabo a rabo, pues por su trayectoria profesional de geólogo conocía todas las cabeceras de cuencas andinas, viajando a “lomo de mula” En tal sentido, me pregunto cuántos intelectuales o detractores de la minería conocen “in situ” las alturas del país, sobre los 4 mil metros de altura una posibilidad de desarrollo constituye la actividad minera con la debida responsabilidad ambiental y social.

Si a ello se le agrega eso que llama Max Weber en la “Ética Protestante” en la formación  del Capitalismo, el sentido de fomentar la responsabilidad en nuestros actos, del trabajo duro y disciplinado, la cultura del éxito, la propensión al ahorro, donde la mejor forma de servir a Dios es creando riqueza.

Expresión de su sencillez y modestia es la austeridad de su residencia que era la misma desde la década de los años cincuenta en el corazón de Miraflores, a diferencia de los “nuevos ricos” que hacen espectáculo de su riqueza migrando a los nuevos barrios, o con departamentos en París.

Podemos discrepar con los intereses que representa la Mra. Buenaventura y otras mineras que promueven un viejo modelo de producción para la exportación sin mayor valor agregado, pero ello es problema que corresponde a la política económica y a la naturaleza del Estado en el Perú.

Igualmente podemos cuestionar la condición de los trabajadores sobre todo de las contratas en el conjunto de sus operaciones con salarios que no guardan correspondencia con la riqueza creada, pero no podemos dejar de reconocer que se trata de una empresa de capitales peruanos, cuyos excedentes económicos se quedan en el país, se capitalizan internamente a diferencia de otras mineras cuyas utilidades se remesan al exterior.

Es más, gracias a la visión de don Alberto Benavides de la Quintana, Mra. Buenaventura se ha posicionado como una de las más importantes empresas mineras de oro y plata en el mundo, con cotización en la Bolsa de Valores de New York.

Recuerdo que entre los diversos temas tratados en una grata y extensa conversación tres asuntos me impresionaron de la personalidad y dimensión humana de don Alberto, como empresario identificado con el país.

Uno se relaciona con la responsabilidad que asumió en el proceso de privatización de Centromín Perú a inicios de los años noventa durante la dictadura fujimorista. Siendo presidente de la comisión especial de privatización (CEPRI) se negó a la venta fragmentada, por partes de Centromín. Es decir, prefirió renunciar antes que avalar un proceso anti técnico, lesivo a los intereses públicos, de vender la principal minera estatal en ese entonces de manera separada: unidades mineras por aquí, planta eléctrica por allá, complejo fundición y refino de La Oroya acullá, líneas ferroviarias, etc.

Recuerdo la expresión que justificaba su renuncia a la presidencia de la CEPRI de vender las unidades mineras separadas del complejo minero metalúrgico de Centromín Perú, pues equivalía a tratar de “vender un automóvil sin motor”.

Es más, las consecuencias de haber privatizado por partes las diversas unidades de lo que fuera Centromín Perú, San Cristóbal, Andaychagua, Cerro de Pasco, Morococha, Casapalca, etc., por un lado, separadas del complejo minero metalúrgico de La Oroya, se están verificando ahora, con el cierre desde mayo del 2009 del complejo.

En segundo lugar, la apuesta por la innovación fue un tema recurrente en don Alberto, prueba de ello es la continuidad y el fortalecimiento del Grupo Buenaventura como grupo económico, a diferencia de otros grupos empresariales que se debilitaron como los Arias Dávila, los Gubbins, Rodriguez Mariátegui que en un momento tuvieron una igual o mayor fuerza económica.

Prueba de ello fueron las inversiones en el Consorcio Hidroenergético de Huancavelica (CONAHUA) para autonomizar la generación de energía a las unidades de Buenaventura mientras otras empresas dependían de la quema de petróleo en los generadores térmicos o compraban a terceros la electricidad para sus operaciones.

En tercer lugar, en la madurez de su vida asumió una preocupación central ante los efectos del “calentamiento global”, con la desaparición de los glaciares en los nevados andinos. De allí, el reconocimiento de la responsabilidad que tiene el sector minero con una frase emblemática: La Minería debe sembrar agua.

En especial, las posibilidades de desarrollo de la actividad minera deben estar en concordancia con el medio ambiente, una problemática reciente que antes de los años noventa no tenía la importancia que tiene ahora. En ese sentido, la minería como principal actividad económica del país debe resolver el problema del agua, en cantidad y calidad en especial en las provincias andinas, donde los millones de metros cúbicos de agua de lluvia se pierden en la mar.

A pesar de los problemas sociales de Mra. Yanacocha en Cajamarca, Don Alberto era optimista en relación a las posibilidades de desarrollo que tiene la actividad minera tanto por el poder de compra que genera a través de la fuerza de trabajo directa o indirectamente empleada, generando un efecto multiplicador del consumo, como de las compras locales de bienes y servicios, y de los impuestos generados, a pesar del permisivo régimen tributario.

De allí la necesidad de buscar los mayores consensos sociales para fomentar la actividad minera con responsabilidad social, responsabilidad ambiental y tributaria.

Por ello, como parte del homenaje de la UNMSM me permito citar textualmente el Discurso de Orden del congresista aprista José Carlos Carrasco Távara en el homenaje que le rindió la Comisión de Energía y Minas al Ing. Benavides de la Quintana en el 2002.


“Discurso de Orden pronunciado por el congresista José Carlos Carrasco Távara, el 24 de julio del 2002 como Presidente de la Comisión de Energía y Minas en el otorgamiento de la Gran Cruz del Congreso de la República al Ing. Alberto Benavides de la Quintana": 


         “No es usual entre los peruanos reconocer los méritos de nuestros conciudadanos. Esperamos el manto de la muerte para rendir homenaje a los peruanos y peruanas ilustres, como un acto compensatorio y de desagravio tardío. Por ello mismo el primer peruano Garcilazo de la Vega, decía que el Perú se comportaba como “madre de los extranjeros y madrastra con sus hijos”. No ha sido este el caso de la Comisión de Energía y Minas que me honro hasta ahora en presidir. La misma que en un acto de reconocimiento a las múltiples calidades humanas y profesionales acordó en una de sus últimas sesiones proponer al Presidente del Congreso (Dr. Carlos Ferrero) y Consejo Directivo la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú, el otorgamiento de la Medalla de honor en el grado de Gran Cruz al señor ingeniero Don Alberto Benavides de la Quintana, pionero y maestro de la minería peruana.

No  cabe duda de la importancia de la minería en nuestro país tanto por la generación de divisas, por la actividad descentralizada que tiene y su impacto regional, por su efecto multiplicador en la industria, y su contribución fiscal. El constatar que el Perú ocupa hoy en día el 2º lugar como productor mundial de plata y estaño, el 4º productor mundial de zinc y plomo, el 7º de cobre y el 8º de oro, sin contar la presencia de los minerales raros. Ello nos hace olvidar que detrás de tales guarismos, de la producción y exportación están los hombres de carne y hueso, como diría Honorato Balzac “con sus miserias y grandezas”, con sus angustias y frustraciones, con sus sueños y utopías. En tal sentido, a pesar de las diferencias que pudieran existir no podemos dejar de reconocer el profundo amor y dedicación de don Alberto por el Perú.

Por tanto, el rendir homenaje a don Alberto Benavides constituye un acto de justicia y de reconocimiento a toda una vida dedicada a la minería. Estamos hablando a una vida que como él mismo la reseñara tuvo que navegar en contra de la voluntad de su señor padre Don Alberto Benavides Diez Canseco que lo prefería sentado en un cómodo buffet de abogado. Por ello, ante la temprana decisión por estudiar en la Escuela de Ingenieros a la cual ingresó hacia los años de 1937 en el segundo lugar entre los 500 cachimbos para adoptar la especialización minera, a su señor padre le pareció tal decisión “un disparate” expresando con su manto protector “¿De dónde va a salir tu dinero? Me preguntaba, tú no sabes lo que es la minería, ni siquiera conoces la sierra”.

Hoy, podemos constatar con una grata satisfacción que don Alberto sí sabe de dónde sale su dinero, que como ejemplo y paradigma para otros empresarios se ahorra e invierte en nuestro país, generando empleo, divisas, tecnología. Sólo bastaría registrar este hecho de “ahorrar e invertir” en el país lo que lo hace grande  a Don Alberto Benavides de la Quintana. Más, otras son también las cualidades del homenajeado que sumadas a su proverbial modestia, lo hacen grande. Estoy seguro que él dirá que la condecoración que hoy el Congreso le otorga es también el reconocimiento a sus maestros de la antigua Escuela de Ingenieros, de sus profesores de Harvard, a sus más cercanos colaboradores y familia que lo han acompañado en estos fructíferos ochenta y dos años.

No se trata con estas palabras de resumir toda una vida dedicada a la minería, que empezó tempranamente desde sus primeras prácticas hacia 1938 en la mina de San Antonio de Poto en el primer año de estudios, que  yace en Puno a más de 5,000 metros de altura a su participación actual en el directorio de la Minera Buenaventura, Yanacocha y Antapite. Seguramente con estas palabras Don Alberto esté recordando al señor Braulio Albornoz, administrador de San Antonio que le enseñó a los 18 años el manejo del teodolito y las primeras lecciones prácticas de minería.

Se trata de encontrar hitos, por decirlo de una manera “cortes geológicos” en la vida de un hombre exitoso, generoso, pero sobre todo “amante del país”,  que como dice con orgullo a pesar de las críticas del investigador Carlos Malpica a los préstamos del Fondo de Compensación Minera (FOCOMI) en su libro “Los dueños del Perú” tuvo que reconocer hidalgamente: “Tengo que decir en honor a la verdad que el grupo Benavides sí pagó el FOCOMI”.

Repito que se trata de identificar esos puntos de quiebre. La Comisión de Energía encuentra que el primero está identificado con la adquisición en 1953 de la mina de Julcani a la Sociedad Suizo Peruana Julcani S.A. cuyo presidente era el peruanista suizo Bruno Tschüdi. La compra de tal mina ubicada en Huancavelica dio lugar a la formación de la Compañía de Minas Buenaventura S.A.  Cabe señalar que don Alberto tenía casi la edad de Cristo, y era por vez primera empresario minero. Allí empezó esa cimiente que fue  creciendo para bien del país con las minas Recuperada, Orcopampa, Uchuchacua etc.

El otro, está relacionado con Minera Yanacocha S.A. donde Minera Buenaventura participa con sus asociadas con más del 44 por ciento del accionariado siendo el principal accionista la transnacional Newmont, y con una participación el brazo financiero del Banco Mundial (IFC). Este constituye un feliz ejemplo de cómo pueden participar los capitales nacionales asociados a las grandes empresas que aportan tecnología y capitales. La explotación de las reservas de oro de los depósitos epitermales de alta sulfuración como Yanacocha y Pierina han convertido al Perú en el octavo productor mundial de oro. Todos esperamos que se descubran nuevas Yanacochas y Pierinas, pues estos yacimientos siempre han existido y ha sido el ingenio del hombre, la creatividad, la tecnología, el aporte del capital privado lo que ha hecho posible la explotación de tales reservas. En esta gesta como geólogo y empresario don Alberto ha jugado un rol fundamental.

En verdad, múltiples son los méritos profesionales, empresariales, docentes y humanos los que obligan en un acto de reindivicación histórica el otorgamiento de la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú, a don Alberto Benavides de la Quintana. En tal sentido, ha sido un alto honor para la Comisión de Energía y Minas recomendar tan alta distinción para un peruano ilustre, que sin lugar a dudas, es pionero y maestro de la minería peruana”

                                               Muchas Gracias

                            José Carlos Carrasco Távara
Presidente de la Comisión de Energía y Minas de Congreso de la República

24 de julio del 2002

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